Empodera a tus hijos: un gran recurso para que afronten la adversidad y cumplan sus sueños

Generalmente, en mis artículos de ProHappiness, me enfoco principalmente en los niños; pero cuando empecé a darle vida a este escrito, haciendo bosquejos y reflexionando sobre lo que quería transmitir, caí en cuenta que este es un tema (como muchos otros) bastante débil en nosotros los adultos.

Creo que para enseñar algo a nuestros hijos, primero lo debemos tener claro en nosotros mismos y en nuestras vidas. Es por eso que la primera parte del artículo nos la dedico a nosotros como adultos; para después sí pasar a notarlo y aplicarlo en nuestros hijos.

¡Espero que me sigas hasta el final!

 

El tema del que voy a hablarte hoy, es un tema que aprendí de adulta y, a decir verdad, me hubiese ahorrado muchos dolores de cabeza si lo hubiera sabido siendo una niña. Una vez lo entendí, me sentí mucho más empoderada ante mi vida y ante cualquier cosa que esta pueda traer.

Esto, que me quitó grandes pesos de encima, es algo muy sencillo pero a la vez muy poderoso: ES MUY POCO LO QUE ESTÁ BAJO MI CONTROL.

 

No puedo controlar el clima, ni la economía; no puedo controlar lo que hacen las otras personas, ni tampoco la mayoría de situaciones que se me presentan en la vida. ¿Cómo puedo tener plena certeza de que no voy a desarrollar un cáncer, que mis seres queridos despertarán con vida mañana, o que mi pareja me querrá para toda la vida? Sinceramente, por más que lo deseemos con todas las fuerzas, son situaciones que no está en nuestras manos decidir.

 

Me di cuenta, que esa era una de las principales fuentes de frustración en mí misma y en mis clientes de coaching: QUEREMOS CONTROLAR LO INCONTROLABLE.

Muchas veces me “pillo” frustrada o estresada, tratando de controlar algo que no depende de mí. Así que, si no está en mis manos si va a llover o no, cómo va a responder mi pareja ante un mensaje de amor, qué va a decir mi jefe en la reunión, o el evitar un desastre natural ¿De qué me sirve estresarme, frustrarme o preocuparme?

 

Yo sé: muchos me dirán que esta es una posición facilista y que nos lleva a derrotarnos antes de tiempo. Pero es todo lo contrario: el tener claro lo que te voy a enseñar, te lleva a estar empoderado ante la vida y a enseñarle lo mismo a tus hijos.

 

Es un hecho que no está en nuestras manos el controlar muchas de las cosas que nos pasan. Entonces ¿qué es lo único que sí podemos controlar? Nuestra propia actitud, nuestra reacción, nuestras respuestas y nuestros comportamientos ante eso que nos pasa. No puedo controlar si me despiden del trabajo, pero sí puedo elegir cómo lo voy a afrontar y cómo lo voy a resolver. No puedo elegir si mi pareja me es infiel, pero sí puedo elegir mi respuesta y mi comportamiento ante ello. No puedo elegir la situación de mi país, pero sí puedo decidir el tener una actitud positiva y constructiva para ser parte de las soluciones y no de los problemas.

 

¿Entiendes lo poderoso que puede ser esto para el bienestar y el empoderamiento de una persona?

 

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Ahora sí vamos a nuestros hijos…

 

Es muy importante que desde pequeños le enseñemos nuestros hijos la importancia de su actitud y reacciones ante lo que les sucede. Como padres, queremos darles un mundo perfecto; pero una dosis de frustración siempre es útil para que un niño aprenda a manejar la adversidad, a afrontar las crisis y a tolerar las desilusiones de la vida.

 

El mensaje que ellos deben recibir de sus padres es el siguiente: “No siempre te gustará lo que sucede y no siempre vas a poder controlar lo que te pasa; lo que sí puedes manejar es tu reacción y tu actitud ante esa circunstancia”.

 

Me genera mucha preocupación cuando veo que los padres no inculcan esto en sus hijos. Imagínate lo útil que es cuando un niño sabe que puede elegir cómo reaccionar ante la pérdida de un partido, o ante el rechazo de un compañero; y con mayor razón, ante circunstancias más adversas.

 

Para que te des una idea de dónde puede estar tu hijo, estos son los dos casos más comunes que encuentro en los niños con respecto al tema:

 

1 Niños con falta de control:

 

Son niños que se “echan a la pena” cuando suceden situaciones desafortunadas. Por lo general tienen muy baja autoestima, ya que creen que no tienen la suficiente importancia ni poder como para influir en su propia vida. Están a la merced de las circunstancias.

 

También pueden ser niños víctima que se quejan ante todo, porque creen que las circunstancias están en contra de ellos y que ellos no pueden hacer nada al respecto; por lo que su única opción es quejarse y victimizarse.

 

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2 Niños con exceso de control:

 

Por el contrario, estos niños se estresan demasiado porque tienen la creencia de que pueden controlar a las personas y las situaciones de su vida. He tenido varios niños que llegan a consulta por presentar síntomas de estrés, como dolores de cabeza, gastritis, cansancio etc. Luego de consultar a los médicos, estos recomiendan a sus padres una ayuda psicológica para el niño, ya que probablemente la causa de sus dolencias sea psicológica.

 

Cuando un niño cree que debe controlar todo lo que le pasa y, piensa que nada se puede salir de sus manos, inevitablemente se va a frustrar; porque como ya sabemos, eso es completamente imposible. Me entristece ver cómo el estrés, que antes era una “enfermedad” exclusiva de los adultos, hoy en día se está presentando también en los niños.

 

Te dejo mis consejos:

 

Como te puedes dar cuenta, ninguno de los dos extremos anteriores es positivo para la vida de nuestros hijos. Si quieres educar a unos hijos empoderados, con la consciencia de que no pueden controlarlo todo, pero con la capacidad de afrontar con positivismo y empuje sus circunstancias, te dejo algunos consejos:

 

  • El primero y más importante, es dar ejemplo. No podemos pretender que nuestros hijos asuman lo que les pasa si ven a sus padres resignados por las situaciones y quejándose por todo. Padres empoderados crían hijos empoderados. Así mismo, si nuestros hijos nos ven controlando cada detalle de la vida, creerán que esa es la manera correcta y actuarán igual.

 

  • Enséñales que la vida no siempre es fácil y que muchas veces no tenemos la oportunidad de elegir lo que queremos; pero que siempre pueden decidir su posición frente a eso que les pasa. Cada vez que se queje, analiza la situación para buscar la manera de transmitírselo. “¿Puedes hacer algo para cambiar o mejorar esta situación? Si es así ¡hazlo! Si no es así ¿Cuál es la mejor actitud que puedes tener ante lo que está pasando?”

 

  • Enséñales que son los únicos responsables de sus sentimientos. Tienen derecho a sentir todas las gamas de emociones, desde las cómodas hasta las incómodas, pero los únicos responsables de sentirlas y de dejarlas de sentir son ellos mismos. Nota cuando digan frases como “Mi hermano me hace sentir rabia cuando me quita los juguetes” y enséñales a cambiarlas por “Yo siento rabia cuando mi hermano me quita los juguetes”. En el primer caso, le están dando el poder y la responsabilidad a su hermano; mientras en el segundo, ellos están tomando la responsabilidad por lo que sienten ante las acciones de su hermano.

 

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  • Trata de no encargarte de sus emociones cada vez que estén tristes o bravos. Generalmente, cuando un niño está triste o bravo, tratamos de hacer lo que sea para alegrarlo (lo llevamos al parque, le compramos algo, hacemos el plan que le gusta). Eso está bien, es normal que queramos apoyarlo. Lo que no es normal es solucionarlo siempre y preocuparnos en exceso cuando tiene un sentimiento incómodo. Puede acabar creyendo que sus papás son los responsables de sus sentimientos y que parte de su labor como padres es encargarse de subirle el ánimo. Es bueno también permitirle que él solo se calme o que él solo maneje su tristeza; puedes acompañarlo, pero sin tratar de cambiar su emoción. Si tus hijos no aprenden que está en sus manos el lidiar con sus propios sentimientos, intentarán que todos hagan lo que ellos quieran para hacerlos sentir bien. Se volverán manipuladores y “mandones”.

 

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  • No les soluciones todos sus problemas; puedes intervenir sólo en las situaciones que verdaderamente necesiten tu ayuda. Permite que, en la medida de lo posible, ellos se encarguen de solucionar lo que le sucede. Tu hijo puede ir a hablar con el profesor cuando va mal en una materia, puede solucionar un conflicto con un amigo o puede entrenar unas horas extra para ser titular en un partido. Si les solucionas este tipo de situaciones, no entenderán que tienen el poder y la capacidad de actuar ante sus propias circunstancias. Puedes acompañarlos, alentarlos o aconsejarlos según el caso; pero no ser quien toma la acción para resolver.

 

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  • Enséñales también que, el hecho de que otro haga algo que les moleste, no necesariamente implica que esa persona deba cambiar. No tenemos el control sobre lo que hacen los otros, así que tus hijos deben decidir qué hacer ante esos comportamientos de los demás. Pueden elegir alejarse de la persona o, por el contrario, tolerarla. También pueden pedirle al otro que cambie esa característica que les molesta, están en todo su derecho; pero con la claridad de que el otro también tiene derecho a decidir si cambiar -o no-.

 

  • Siempre diles que lo único que está en sus manos es controlar su propia actitud y su respuesta ante lo que pasa. Que deben siempre dar lo mejor de sí, esforzarse, ser honestos, etc; pero que a veces las situaciones de la vida se nos salen de las manos y que, en esos momentos, lo más importante es cómo van a reaccionar.

 

Para terminar, como mis lectores y clientes saben, mi misión es ayudar a miles de papás en la crianza de unos niños felices, autónomos y seguros de sí mismos (entre muchas otras características positivas). Considero que el empoderamiento en un niño es fundamental para que este salga victorioso de cualquier situación que la vida le presente y un aspecto indispensable en la construcción de una autoestima sana.

Un niño empoderado crecerá sin dejarse derrotar ante la adversidad y conseguirá sus metas y objetivos de vida. Un niño empoderado no se rinde ni permite el drama o el victimismo como salida a sus problemas. Creo que nuestra sociedad necesita más personas decididas y fortalecidas, que eligen hacer parte de los que aportan y no de los que se quejan y se conforman. Empezar por nuestros niños es un gran paso hacia ello.

 

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