Reflexiona sobre tus errores y crece como padre ¿Cómo hacerlo?

Es inevitable tener situaciones o momentos de conflicto. Definitivamente estos no son agradables y, aunque nos gustaría evitarlos a toda costa, un conflicto puede traer consigo el regalo del crecimiento y el aprendizaje. Como padres, una de las cosas que más debemos hacer es aprender es a gestionar y canalizar positivamente nuestras emociones; tanto en nuestros propios momentos de vida (para no acabar desquitándonos con los hijos por circunstancias que no tienen nada que ver con ellos), como en los momentos en que nuestros hijos están teniendo comportamientos o actitudes indeseadas y debemos intervenir para corregirlos. De igual manera, sabemos que los padres somos humanos y que no siempre sabremos gestionar positivamente nuestras emociones; una que otra vez perderemos los estribos, nos irritaremos o actuemos de manera equivocada.

 

En mi opinión, hay dos tipos de padres: los que dejan pasar sus errores y los que deciden tenerlos en cuenta, reflexionar sobre ellos y aprender la lección para tratar de no volverlos a cometer. Mi consejo siempre es buscar las lecciones de nuestras acciones; proponiéndonos aprender, pero no dándole tantas vueltas al asunto ni juzgándonos tan duramente. El día de hoy quiero proponerte un ejercicio de visualización que te ayudará a reflexionar sobre lo sucedido, a ser un poco más objetivo ante la situación en cuestión y a concluir qué es lo que podrías hacer diferente la próxima vez que pase. Son cuatro pasos que debes hacer cuando estás con más calma y en un lugar tranquilo y sin interrupciones. Acá van:

 

Paso 1:

Siéntate cómodamente, cierra los ojos y respira profundo. Revive nuevamente lo que pasó desde tu punto de vista. Trata que sea lo más real posible, como si estuvieras adentro de la situación y la estuvieras viviendo otra vez. Sé muy consciente de lo que estás pensando, sintiendo y cómo estás actuando. Date una pausa y sigue respirando.

 

Paso 2:

Ahora vuelve a recrear lo que pasó, pero esta vez desde el punto de vista de tu hijo. Trata incluso de meterte en su cuerpo. ¿Qué está viendo? ¿Cómo te está viendo? ¿Qué puede estar pensando y sintiendo? Revive lo mejor que puedas la situación desde su punto de vista.

 

Paso 3:

Devuélvete y nuevamente retoma la situación pero ahora desde afuera, como si fueras un observador. Ya no la estás viviendo tú ni la estás viviendo como tu hijo; ahora es como si estuvieras afuera viendo una película. Eres un observador externo, mirando objetivamente una situación. ¿Qué puedes observar sobre lo que está pasando? ¿Qué reflexiones puedes hacer sobre lo que objetivamente estás viendo?

 

Paso 4:

Antes de iniciar con el paso 4 tómate una pausa. Analiza lo que aprendiste o lo que notaste con los tres pasos anteriores. Puedes incluso escribirlo. El paso 4 es el que cierra este ciclo y consiste en que vuelvas a recrear la situación, pero esta vez incorporando lo aprendido. Es decir que vuelves a vivirla o a proyectarla, pero ahora imaginando la manera como quieres reaccionar la próxima vez que suceda. Más calmado, más amoroso, más comprensivo, más tolerante etc. Siente la tranquilidad y el bienestar que experimentas cuando actúas de la manera correcta.

 

¡Ciclo cerrado! Te pusiste en tus zapatos reviviendo lo que sentiste, fuiste empático y te pusiste en los de tu hijo, te convertiste en un observador objetivo y, por último, llegaste a conclusiones y aprendizajes para hacerlo mejor la próxima vez. Me gusta mucho esta manera de aprender, ya que logras analizar muy bien la situación pero sin darte palo. Una vez hagas los cuatro pasos, toma la decisión de perdonarte y continuar con una nueva información incorporada en tu vida.

 

Piensa en el último conflicto que hayas tenido con tus hijos y trata de ponerlo en práctica. Puede que al principio no se te facilite, ya que a veces no estamos acostumbrados a hacer visualizaciones ni a recrear nuestros sentimientos; pero con paciencia y práctica podrás hacerlo cada vez mejor y sacar lecciones realmente valiosas a través de este ejercicio. Recuerda que es imposible el no cometer errores, todos los padres lo hacen. Pero lo que diferencia a los padres conscientes del resto de ellos, es que estos primeros saben sacar partido de sus equivocaciones y, a partir de ellas, crecer como personas.

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